Abrígame

Mi abrigo es tan grande que le tengo que comprar un asiento propio en el avión.

En los restaurantes pido mesa para dos, y cuelgo a mi mujer en el perchero para que se siente junto a mí.

Y en las noches de invierno la guardo en el armario para que podamos dormir juntos sin que nadie nos moleste.

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