Renuncio

Un día decidió que pediría un deseo por cada pelo que se le cayera.

Pues no paso mucho tiempo para que el genio saliera disparado de su lámpara, con su cajita de cartón, la foto de su mujer, y el archivero de peticiones pendientes.

Desde entonces, nunca volvió a trabajar para un calvo acomplejado.

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